Mascota Manía


Estoy envidioso de las mascotas neoyorquinas. Se visten en suéteres especiales durante el invierno. Hay tiendas de comida elegante para ellas. Según la ley, tienes que quitar la mierda de tu mascota en la calle, y la gente sí llevan una bolsita de plástico junto con la correa. Vivo yo al lado de un spa para los perritos y gatitos. Quien sabe que pasa por dentro. ¿Masajes? ¿Agasajes? Aquí estamos en una ciudad tan progresiva – la ciudad de los folklóricos de Greenwich Village y el Reconocimiento de Harlem, donde el alcalde Republicano es mas liberal que Demócratas en otras partes – y sin embargo nos preocupamos más de las uñas de los perros que el bienestar de algunos seres humanos. Hoy pasé un lugar que se llama “Galletas y Baño: Gimnasio para Perros.” No te miento, fue un verdadero gimnasio, en un distrito de alta renta, con los colchones azules y todo, donde jugaban y corrían los perros. Un grupo de nosotros se formó detrás del vidrio. Un señor me dijo, “Creo que en el fondo están los regaderos y mira ahí está el rincón para los time-outs” – o sea, donde regañan a los perros como si fueron niños humanos. Él miraba a los perros jugando tranquilamente, y añadió: “Lástima que el mundo no funcione así.” Le dije, “Quizás funcionaría mejor si no gastáramos todo en las mascotas.”











